Compartimos este escrito del pensador Luis Hugo Busso quien nos hace pensar en el valor de la vida humana y en especial de la vida con otros.

LA INFINITUD POTENCIAL COMO FUNDAMENTO FILOSÓFICO CIENTÍFICO DE LA VIDA EN GENERAL, Y DE LA VIDA HUMANA COMUNITARIA EN ESPECIAL

Luis Hugo Busso – Lubus@arnet.com.ar– Río Cuarto (Cba)

 INTRODUCCIÓN

 EL AUTODESARROLLO HISTÓRICO DE LA INFINITUD POTENCIAL EN L0S SISTEMAS MATERIALES DOTADOS DE MOVIMIENTO VITAL.

 La Infinitud Potencial –concepto que creó y utilizó por primera vez el Filósofo Alemán ERNST BLOJ- concentra en este escrito sus reflexiones en los sistemas materiales dotados de movimiento vital; y en consecuencia, en las tres modalidades de vida de nuestro Planeta: vegetal, animal y humana, finalizando el escrito describiendo los tres momentos de transición de la vida animal a la vida humana y a la categoría de  Existencia. Vale reiterar que el hecho de recordar que el primer filósofo que utilizó el término  Infinitud Potencial fue del alemán Ernst Bloj, no significa que este escrito tenga afinidad o sea similar a las valiosas reflexiones que nos legó Bloj, en especial CON ESA HERMOSA PALABRA QUE ES LA ESPERANZA .

LA INFINITUD POTENCIAL CREADORA COMO PRINCIPIO FILOSÓFICO CIENTÍFICO

 Vale comenzar destacando algunas características diferenciales de la Categoría de Infinitud Potencial Creadora respecto a las dos modalidades de Infinitud más conocidas: Ideal y Material. En primer lugar, la potencialidad  no debe pensarse como algo que es o existe, sino como posibilidad –algo que puede ser y/o existir-. Una potencialidad que pensada como tal carece de presencia o actualidad; pero que por ser naturalmente creadora, sólo puede pensarse como potencialidad infinita inmediatamente actualizada y/o realizada en cada sistema material  -o sea sin un ‘antes´ o un ´después´ temporal  entre ambas-. Pero aunque entre potencialidad y actualidad,  (entre potencia y acto) no haya un antes o un después temporal, no se puede dejar de señalar que la posibilidad o potencialidad creadora es causalmente ´anterior´ a la actualidad. Así pensada, la categoría de Infinitud Potencial sería pues Potencialidad inmediatamente Actualizada que se autodesarrolla  en el tiempo y el espacio. Por eso, esa infinitud potencial creadora es pensada en este escrito como inherente a todos y cada uno de los sistemas materiales de la naturaleza; y por ende, pensando a cada ser finito como potencialidad actualizada. Sistemas pues que por serles inherente esa infinitud potencial creadora satisfacen la exigencia del pensamiento científico de disponer de un principio que les permita a sus objetos de investigación superar su mera condición de pura sensoriedad sin potencialidad alguna que los sustente. Hechas las aclaraciones, en los Apartados que siguen se intentará caracterizar a la Infinitud Potencial Intensiva y a la Infinitud Potencial Consciente.

II

INFINITUD POTENCIAL INTENSIVA EN LA MATERIA INORGÁNICA Y LA MATERIA ORGÁNICA.

REALIDAD OBJETIVA ´INORGÁNICA´ Y ´ORGÁNICA´

Es válido comenzar caracterizando el concepto filosófico de intensidad, porque en este escrito se piensa a la infinitud potencial intensiva como modalidad básica permanente e inherente a todos los sistemas materiales sin excepción, incluyendo pues a los seres humanos si se los visualiza desde una perspectiva estrictamente biológica.

Lo in-tenso, es por una parte pensado como lo contrario a lo ex-tenso; y por ende,   como inherentemente in-extenso; pero una inextensión que a la vez se ´extiende´ y se incorpora al objeto finito que cualifica sin modificar su masa, su peso y volumen total.

Valga un primer ejemplo. Si se pregunta si en los sistemas materiales que integran la así llamada “materia inorgánica” hay potencialidad infinita, coincidiremos que ese interrogante ya está respondido afirmativamente por el autodesarrollo histórico. Por ejemplo, por los sistemas materiales dotados de vida; esto es, de movimiento vital.

El movimiento vital, en efecto, en cuanto modalidad específica cualitativamente distinta y superior del movimiento material, surgió históricamente en nuestro planeta a partir de la llamada materia ´inorgánica´; o sea que la VIDA y el movimiento específico que la caracteriza, ya estaban potencialmente contenidos en la materia ´inorgánica´ como algo que no existe pero puede existir.

Y lo podemos afirmar irrefutablemente, porque  la masa, peso y volumen total  de la materia orgánica de los seres vivos que hoy existen, es la misma que existía bajo una modalidad intensiva inorgánica cuando aún no había vida en el planeta. Mi propio cuerpo vivo, en cuanto masa y peso -valga añadirlo como ejemplo individual-, ya existía en la materia inorgánica cuando aún no había vida.

Por otra parte, y dicho a modo de paréntesis, a esta ´inextensión que se extiende´ la estamos confirmando permanentemente cada uno de  nosotros. Todos coincidimos por ejemplo que  “el saber no ocupa lugar”; pero nadie duda a la vez, que de algún modo ese saber no sólo se ´extiende´ sino que se acumula cualitativamente en el cerebro humano que lo memoriza.

Ahora bien, lo que a efectos de este escrito interesa poner de relieve, es que con el surgimiento histórico de sistemas materiales dotados de movimiento vital, se produce el primer gran salto cualitativo para resolver históricamente de un modo superior esa contradicción finitud-infinitud inherente a cada sistema material.

Sin excepciones, como ya se vio en otro escrito personal, se puede afirmar que todo sistema material dotado de movimiento vital tiende espontáneamente a continuar siendo sin solución de continuidad; o lo que es igual tiende a no morir, a continuar viviendo ´eternamente´ en la simultaneidad espacial. Y el primer ejemplo básico y permanente de esta pulsión irreprimible se expresa de modo evidente y permanente en la reproducción biológica de la vida vegetal, como se intentará mostrar en el apartado siguiente.

III

MOVIMIENTO VITAL E INFINITUD POTENCIAL INTENSIVA: REPRODUCCIÓN BIOLÓGICA DE LA VIDA VEGETAL CONDICIONADA POR EL HABITAT.

 Vale ejemplificar con la simiente  de cualquier vegetal. La semilla de un roble, por ejemplo, es la de un árbol en potencia que dada determinadas condiciones objetivas –nutrientes, calor, luz, etc.- deviene árbol real. Con lo cual ya demuestra que en la memoria genética de cualquier semilla –hay infinitud potencial, porque en la semilla de roble de nuestro ejemplo no hay rastro alguno del futuro roble real que luego veremos si se dan las mencionadas condiciones de gestación.

Pero lo que confirma irrefutablemente esa infinitud potencial es obviamente la reproducción biológica ampliada que asume cualquier simiente vegetal.

La semilla de un roble, para continuar con el ejemplo, no agota su cometido al realizarse como árbol. Al contrario, el árbol real ha generado a su vez centenares de nuevas semillas, cada una de las cuales, si se dan las condiciones objetivas ya mencionadas, volverá a multiplicar la vida de la especie; y si se continúan dando esas condiciones, cada uno de estos nuevos árboles, y los que luego lo continúen, reiterarán indefinidamente ese proceso reproductor ampliado. En suma, en todo este proceso circular ampliado en espiral abierta, la potencialidad intensiva infinita inherente al sistema material comienza como semilla, se realiza como árbol, y vuelve a recomenzar el proceso como realidad seminal multiplicada.

Claro está que el límite de las especies vegetales es su  habitat, dado que sólo en ese ámbito limitado hallan lo que necesitan para preservar su vida; fuera de él, las especies no sobreviven. La vida vegetal y su territorio conforman pues en su unidad un sistema material ampliado pero a la vez circunscripto por una finitud objetiva insuperable, de modo que la reiteración indefinida de los mismos procesos productivos y reproductivos dentro de los límites de su habitat, termina por sedimentar definitivamente esa finitud en la memoria genética de las especies vegetales. A partir de allí, las sucesivas generaciones de cada especie reproducen los mismos procesos de autodesarrollo vital; y los individuos que integran esas especies cumplen un ciclo biológico también predeterminado en la memoria genética de sus respectivas simientes. Cualquiera de ellas, en efecto, tiene hoy la misma expectativa de vida individual que hace miles de años.

Visualizadas pues las principales características del autodesarrollo histórico de la infinitud potencial intensiva en el reino vegetal, se intentará a continuación poner de relieve lo que acontece en la vida animal, es decir en esa primera expresión de la infinitud potencial ideal en la vida conciente no racional.

 IV

 VIDA ANIMAL E INFINITUD POTENCIAL IDEAL: PRIMER MOMENTO DE LA VIDA CONCIENTE.

 Con el salto cualitativo a la conciencia sensorial y al acto ideal, en las especies animales superiores la potencialidad infinita inherente a los sistemas materiales ha comenzado un proceso destinado a ir superando esa necesidad objetiva absoluta del habitat territorial.

Por una parte, en efecto, los animales superiores sienten o toman conciencia sensorial de su propio cuerpo o medio interno; pero simultáneamente sienten o toman conciencia de los objetos sensoriales de su medio externo al irlos ordenando y delimitando con su praxis sensorial espontánea. De tal modo, la  mediación ideal sensorial  no sólo ´extiende´ por así decir el cuerpo vivo del animal hasta donde llega su vista, su oído, etc., sino que relaciona dialécticamente la sensoriedad interna y externa para resolver las necesidades vitales del animal. Sentir hambre, por ejemplo, es darse cuenta simultáneamente de los objetos sensoriales destinados a satisfacer esa necesidad de alimentos; y por ende determina la correspondiente actividad vital de la praxis espontánea: el animal herbívoro paciendo, el carnívoro cazando o pescando; etc.

Pero además la actividad conciente sensorial convierte a los seres vivos en semovientes que caminan, vuelan, nadan, etc.; lo cual, obviamente, no sólo perfecciona la capacidad de resolver necesidades vitales a nivel individual al ampliar los espacios de su habitat para conseguir alimentos, sino que les posibilita actividades grupales –manadas, bandadas, etc.-, cualitativamente superiores a las actividades vitales individuales.

No obstante, y pese al revolucionario avance que significó el salto cualitativo de la vida vegetal a la vida animal, y con ésta a la actividad vital conciente fundamentada en la sensoriedad, aún las especies animales más desarrolladas no han podido superar su dependencia absoluta del medio natural finito en el que desarrollan su vida individual y grupal. Y esta limitación impuesta por el medio externo ha culminado en un límite al propio desarrollo individual y grupal de la vida animal. Las hormigas o las abejas de hoy, para citar a las más conocidas especies ´sociales´, cumplen en un hormiguero o en una colmena las mismas funciones que cumplían hace miles de años; y sus expectativas de vida individual son hoy las mismas que tenían las hormigas o las abejas que vivieron en milenios anteriores.

Obviamente, todo eso comenzó a cambiar cuando en el proceso de autodesarrollo histórico de las especies animales superiores comienza a perfilarse la futura especie humana. Y con ésta, la transición inicial a la praxis sensorial-racional y a la conciencia racional-existencial.

 V

VIDA HUMANA E INFINITUD POTENCIAL  CREADORA.  LA TRANSICIÓN DE LA VIDA ANIMAL A LA VIDA HUMANA. SUS TRES MOMENTOS HISTÓRICOS

Como se vio al comenzar el Escrito personal sobre COMUNIDAD, cada día al despertar los animales superiores y los seres humanos comienzan tomando consciencia sensorial de su cuerpo o medio interno (frío, calor, dolor, hambre, alegría, tristeza), y de los objetos sensoriales de su medio externo.

Pero en ese mismo acto del despertar, y en virtud de su especial estructura orgánico cerebral habilitante, los seres humanos se dan cuenta a la vez que ese medio sensorial externo e interno existe; o lo que es igual, se dan cuenta existencialmente de lo que están sintiendo sensorialmente.

Claro está que nuestros primitivos ancestros han arribado a ese nivel de conciencia existencial espontánea luego de un largo período de transición histórica del animal superior al hombre, cuyos momentos o etapas intentaremos reseñar someramente.

VI

EL MOMENTO DE LA PRAXIS ESPONTÁNEA CON INSTRUMENTOS NATURALES

El primer momento de la transición del animal superior al hombre comenzó históricamente cuando nuestros primitivos ancestros empezaron a usar manualmente instrumentos y fuego no modificados aún por ellos: palos y/o varillas de madera tal como se los ofrecía la naturaleza; fuego producido por una combustión natural o por un rayo; etc. Y aunque personalmente ignoro si hay investigaciones científicas que lo corroboren, los resultados posteriores de ese período permiten algunas afirmaciones.

Es evidente, por ejemplo, que el uso manual habitual y permanente de esos instrumentos naturales los fue convirtiendo en una suerte de apéndice externo del propio cuerpo vivo. Consecuentemente, los cambios posturales y los nuevos movimientos corporales derivados del uso continuado de esos elementos, al irse reiterando indefinidamente en sucesivas generaciones, sin duda fueron modificando la estructura orgánica y en especial el sistema nervioso y la estructura cerebral de quienes los manipulaban. De allí que, en consonancia con ese perfeccionamiento cerebral, nuestros ancestros no podían dejar de notar que el uso de instrumentos naturales aguzados, por ejemplo, producía mejores resultados que las varillas romas –tanto en la caza o en la pesca; o como instrumentos de defensa y/o de ataque-.

Es válido deducir, pues, que al tener que reemplazar esos instrumentos por pérdida desgaste o rotura, espontáneamente habrán orientado su búsqueda hacia elementos aguzados. En suma, se puede pensar con un alto grado de probabilidad, que  ya desde aquellos lejanos inicios nuestros predecesores comenzaron a tomar conciencia de las propiedades objetivas de los elementos naturales que utilizaban; y de la importancia de seleccionar las propiedades objetivas más necesarias para su vida.

Pero el uso manual de elementos naturales producía a la vez cambios objetivos en los propios instrumentos utilizados debido a su permanente contacto con otros elementos de su medio –por ejemplo aguzamientos o combustiones por roce de los instrumentos utilizados. Cambios de los objetos que si bien no se realizaban de modo conciente, quedaban intensivamente registrados o memorizados en el cerebro de nuestros antepasados. También es correcto inferir,  pues, que en algún momento esa indefinida acumulación cuantitativa de registros cerebrales dio un salto cualitativo en la conciencia de nuestros ancestros, en virtud de la cual comenzaron a darse cuenta que esos cambios los habían estado realizando ellos mismos con su praxis espontánea; con lo cual comienza históricamente el salto cualitativo a la praxis racional conciente.

VII

EL MOMENTO DE LA PRAXIS CONCIENTE CON INSTRUMENTOS PREPARADOS  

Cuando nuestros primitivos antepasados comenzaron a tomar conciencia que los cambios producidos en los objetos de su medio los habían realizado ellos mismos con los movimientos de su cuerpo y de sus brazos, y con  los instrumentos naturales que manipulaban, empezaron a darse cuenta que estaban en condiciones de comenzar a reproducir de modo conciente lo que hasta entonces habían hecho espontáneamente. En otras palabras:

La propia praxis espontánea había generado las condiciones subjetivas para que nuestros primitivos predecesores comenzaran a imaginar y concebir idealmente no sólo los objetos a producir, sino los movimientos de la praxis destinados a realizarlos.

Visto objetivamente, no cuesta mucho comprender el revolucionario avance que trajo aparejado ese salto cualitativo conciente a la praxis pensante -es decir a la actividad vital conciente fundamentada en el pensar-.

Hasta entonces, para seguir las deducciones con el mismo ejemplo, nuestros ancestros dependieron de los palos aguzados naturales que hallaban en su territorio; pero a partir del nuevo momento conciente, comenzaron a disponer de lanzas y flechas a voluntad aguzando palos o varillas originariamente romas. De igual modo, a partir de esa nueva etapa dejaron de depender del fuego que podían hallar en su territorio, como así de su celoso custodio una vez hallado: ahora podían obtenerlo a voluntad con el simple expediente de frotar dos maderos, o de aguzar varillas romas; etc. Y eso les permitió extenderse a nuevos territorios, aunque éstos no dispusiesen de los elementos que necesitaban.

 IX

SALTO CUALITATIVO A LA CONCIENICA HUMANA . LA CATEGORIÍA DE LA EXISTENCIA  

Visualizado desde una óptica subjetiva, con el inicio de la reproducción conciente de los instrumentos y de la energía ígnea que utilizaban, nuestra especie comenzó a transformar su conciencia y su praxis sensorial, en conciencia y praxis racional; y por ende en praxis sensorial-existencial.

Adviértase, en efecto, que cuando con su praxis, es decir con el movimiento conciente de sus brazos, nuestros antepasados comenzaron a aguzar varillas romas, en rigor estaban ´sacando´ fuera de su conciencia la forma aguzada ideal que habían imaginado y concebido, convirtiéndola en forma aguzada real en la varilla roma que estaban transformando. Y lo propio puede decirse respecto al fuego, pues al frotar dos maderos con el movimiento conciente de sus brazos, la llama ideal que habían imaginado y concebido devenía llama real en el objeto frotado. En suma:

Con su praxis conciente nuestros ancestros estaban confiriendo existencia (ec: fuera; sistere: sustentar) a las formas y a la energía ígnea que imaginaban y concebían, pues las ponían fuera de su conciencia, y las sustentaban en los objetos reales que modificaban con sus movimientos concientes; en otras palabras, aquéllos primitivos antepasados habían comenzado a transformar su conciencia en sensorial-existencial.

Y si se tiene presente que concepto equivale a concebido; y que lo concebido presupone el proceso previo de la concepción, se coincidirá a la vez que durante este período fundacional nuestros ancestros habían concebido en ese útero especial que es el cerebro y habían parido con sus movimientos racionales concientes al primer concepto de la praxis pensante: la categoría de existencia, que se convirtió en el primer logro racional de nuestra especie.

Claro está que la conciencia existencial individual, debió recorrer un largo camino para que quedara sedimentada definitivamente en la memoria genética de nuestra especie. Fue necesario, en efecto, que ese proceso transformador de la realidad natural por medio de la praxis conciente se reiterara millones de veces; y que otras tantas esas transformaciones concientes quedaran simultáneamente registradas o memorizadas en el cerebro de las sucesivas generaciones, para que a partir de un determinado momento histórico esa acumulación cuantitativa y progresiva en los genes de nuestra especie diera ese salto cualitativo a partir del cual los seres humanos, al despertar, nos demos cuenta espontáneamente que los sistemas materiales sensoriales existen.

Vale reiterar, a la vez, que desde nuestra óptica la categoría filosófico gnoseológica de existencia presupone  a la praxis sensorial; y por ende a los sistemas materiales en cuanto sensoriales, es decir en cuanto sistemas en los que el sujeto ha objetivado la sensoriedad y la ha retornado a su cerebro dejándola memorizada o registrada como sistema material con sensoriedad.

Resumiendo:

La categoría de existencia como concepto abstracto universal, y por ende como fundamento permanente de la praxis y del pensamiento (praxis pensante), señaló para los seres humanos el comienzo del fin de su prehistoria animal; y simultáneamente el comienzo propiamente dicho de la historia humana.

Precisamente el final de este escrito puede considerarse desde nuestra óptica como el fundamento conceptual del escrito relacionado con el de la Comunidad, pues la Vida Social como parte específica de la Vida Humana empieza cuando el autodesarrollo de la Infinitud Potencial arriba a la Categoría de Existencia;  y con ésta al comienzo de la  Comunidad  como modalidad organizacional básica y permanente de la Vida Humana.

REFLEXIONES FINALES.

A

HACIA UN CAMINO DE DIÁLOGO DE LA INFINITUD POTENCIAL CON LAS OTRAS DOS MODALIDADES DE INFINITUD DEL PENSAMIENTO FILOSÓFICO: IDEAL Y MATERIAL; Y CON EL PENSAMIENTO CIENTÍFICO.

Personalmente considero que la categoría de Infinitud Potencial Creadora  incorporada a la reflexión filosófica genera posibilidades que permitirían un diálogo superador del pensamiento científico con el pensamiento filosófico y sus tres modalidades de Infinitud: Ideal, Material, Potencial.

Desde una óptica teológica, por ejemplo, la categoría de infinitud potencial no es incompatible con el creacionismo religioso. Si se cree que hay un Dios –un Ser que Existe como Autoconciencia Inmediata de su Potencialidad Creadora Infinita-; y que Dios Creó el universo material de la nada (ex nihilo), es coherente deducir que al pronunciar su bíblico fiat (hágase), el Creador dejó en todas sus criaturas –y no sólo en el hombre- la impronta de su Potencialidad Creadora Infinita, esto es, de su Infinitud Potencial.  Y cabría añadir que si de acuerdo a las religiones monoteístas Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, la única semejanza que puede haber entre una criatura humana de carne y hueso finita y un Creador Inmaterial Infinito, reside en la capacidad creadora conciente del pensamiento humano.

Sin embargo, y como se vio en los Capítulos precedentes, la infinitud potencial pulsiona espontáneamente a todos los seres vivos –y no sólo a los seres humanos- a la búsqueda de la Infinitud como Verdad Objetiva Absoluta aunque jamás puedan lograrlo. Y también se vio que hasta arribar al comienzo histórico de nuestra especie, todos los seres vivos, condicionados absolutamente por su habitat territorial, arribaron a un límite genético en sus posibilidades de continuar viviendo.

Pero a partir del comienzo histórico de la vida humana, la praxis pensante (o actividad vital consciente simultáneamente sensorial y racional), convirtió a los individuos humanos en los únicos seres vivos con ciclo biológico abierto (los hombres y mujeres de hoy viven más que los de milenios anteriores); y a la especie humana en la única que superando su limitación espacial-territorial, continúa autodesarrollándose no sólo en nuestro planeta, sino comenzando a avanzar sin  pausa hacia nuevos horizontes  cósmicos.

Es cierto pues que las ciencias, por más que avancen en el espacio cósmico, siempre arribarán a nuevos límites; pero también lo es que en virtud de este avance, los seres humanos conocerán en el futuro lo que hoy es aún parte de la infinitud  propiamente dicha; o lo que es igual, la praxis científico técnica está demostrando que lo infinitamente desconocido puede ser progresivamente conocido de un modo contradictorio, porque en el mismo momento de acceder a un nuevo conocimiento  del Cosmos, sólo arriba a un nuevo límite pero no a la infinitud incognoscible. En suma, es verdad que la infinitud propiamente dicha continúa incólume. Pero también lo es que:

Al poder avanzar a lo desconocido, los seres humanos han consolidado su certeza de que pueden seguir conociéndolo, renovando así su abordaje al Cosmos con la esperanza de arribar algún día al conocimiento directo de la Verdad Objetiva Absoluta. Un impulso irresistible hacia la utopía que mantiene a la vez incólume la ESPERANZA a la que se refería Ernst Bloch.

 B

HACIA UN CAMINO DE DIÁLOGO PARA CREAR NACIONES GESTIONADAS POR LA ECONOMÍA SOCIAL (COOPERATIVISMO, MUTUALISMO. VECINALISMO, ETC.),  QUE GARANTICEN LA CONTINUIDAD INDEFINIDA DE LA VIDA HUMANA.

 En un escrito anterior, decíamos que, si la Ciencia desarrollara toda su capacidad productiva, podría garantizar la vida biológica de catorce mil millones de seres humanos. Pero a la vez añadíamos que esa misma Ciencia había creado un armamentismo nuclear tan poderoso, que podría eliminar a todos los seres humanos que hoy viven en el Planeta. De allí la necesidad de que la Economía Social en un clima de equidad y solidaridad, garantice la continuidad indefinida la vida humana.

Parafraseando a Ghandi, podríamos pues afirmar que:

No hay caminos para la Economía Social: La Economía Social ES el camino

 

 

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